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| ¿Por qué las oraciones a María y a los santos no le agradan a Dios?
Las oraciones a María y a los santos no le agradan a Dios porque Jesucristo vino a acercarnos a Dios. Leamos el Evangelio de Juan capitulo catorce versículo seis. “Jesús le dijo: --Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” Juan 14:6 Jesucristo se declaró y es el único camino a Dios y su presencia. La maravilla de la encarnación es que Dios vino a vivir entre nosotros para que pudiéramos conocer a Dios y para morir en la cruz para que nosotros podamos tener plena y perfecta entrada a la presencia de Dios. El profeta Isaías en capitulo cincuenta y nueve versículos uno y dos dice que nuestro pecado nos aleja o nos separa de Dios. “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha endurecido su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios y vuestros pecados han hecho que oculte de vosotros su rostro para no oíros.” Isaías 59:1-2 El profeta Isaías dice que el Señor cargó en él (Cristo) el pecado de todos nosotros. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios! 5 Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros.” Isaías 53;4-6 Los Evangelios nos cuentan que al morir Jesucristo murió en la cruz “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.” Veámoslo en contexto. “Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.” Marcos 15:37-38 Fue Dios que con sus propias manos rompió el velo que representaba la separación de la humanidad de Dios por causa de su pecado. Al morir Jesucristo en la cruz Dios declaró con rasgar el velo que ahora el hombre puede acercarse a Dios en oración. Leamos lo que el autor de La Epístola A Los Hebreos dice sobre el tema. Hebreos 4:14-16 Por tanto, teniendo un gran Sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15 No tenemos un Sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 10:19-22 Así que, hermanos, tenemos libertad para entrar en el Lugar santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne. 21 También tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios. 22 Acerquémonos, pues, con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura. Así que cuando decimos que tenemos que pedir que otra persona interceda por nosotros delante de Dios para que recibamos de Dios lo que necesitamos insultamos la gracia de Dios y menospreciamos la sangre de Cristo que fue derramada para que nosotros podamos acercarnos a Dios y disfrutar de comunión íntima con Dios. Cualquier doctrina que nos aleja de Dios niega y anula la eficacia de la sangre de Cristo y el motivo de su muerte. Ademas la Biblia dice que no existe otro intermediario porque Cristo mismo intercede por nosotros y es el único que puede. 1 Timoteo 2:5-6 pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre, 6 el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo. Así que no tenemos porque orar ni debemos orar a una estatua ni pedir que una persona muerta interceda por nosotros porque por medio de la sangre de Cristo Dios nos abre sus brazos y nos invita a su presencia a hablar con El y presentar nuestras necesidades delante de su trono. La Biblia dice que si nos acercamos a El, El se acerca a nosotros. Santiago 4:8 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Cuando intentamos obtener algo de Dios o acercarnos a Dios pidiendo la ayuda de un intermediario insultamos la gracia de Dios y negamos la eficacia de la sangre de Cristo para reconciliarnos con Dios. En los Evangelios vemos que la gente que necesitaba algo del Señor se acercó a El rogándole y tocándolo. |
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